¿Preguntas si quiero jugar?

Si sientes algo adentro, en la entraña
continua, no te detengas
si sientes que te empuja el viento hacia donde estoy yo
no hagas resistencia
si buscas sin titubear donde está mi aliento
no lo analices demasiado
si tienes algo de intuición arrastrándote hacia mi
hazle caso
si la curiosidad te ahoga
busca e indaga.

Pero
sino es así
date la vuelta
no mires atras.
Si sólo estas jugando
busca otro escenario
un reto mejor,
si no es relevante
si no te mueve
si no te hace temblar el pecho
olvida por completo mi imagen
ignora mi presencia
limítate a menos de lo necesario
esfúmate y pasa de largo
como un coqueteo sutil del viento
pero
por favor
no te quedes
no descanses en mi puerta
ni siquiera te asomes
ni para tomar aliento
no desperdicies tu tiempo
no gastes el mio
no apuestes tu energía
no busques la mía…

Fata

CONSIDERACIONES PARA SER ‘PARTEROS DEL ESPÍRITU’

Comentario del libro Educar con Maestría
Título del libro: Educar con maestría – Autor: Fernando Vázquez Rodríguez

Educar con maestría mas que un compendio de aspectos y fundamentos a tener en cuenta al momento de iniciar un postgrado, como lo puede suponer su título, es sin duda alguna un libro de referencia, tanto para educadores como para cualquier otro tipo de lector. Cabe dentro del proceso de aprendizaje de un estudiante de pregrado o postgrado, un padre de familia, un docente o un escritor; su lenguaje es sencillo, fácil de seguir y atrapa sin dificultad alguna al lector.

Esta obra se puede leer en orden o al antojo, sus propuestas y temáticas son tan actuales como permanentes, de manera que se pueden volver a leer una y otra vez y siempre se obtendrá una nueva conclusión de cualquiera de sus capítulos.

El componente pedagógico abarca una gran extensión, tocando temas de relevancia que son de utilidad tanto para el estudiante como para el maestro, dando al lector la oportunidad de esclarecer definiciones, conceptos y herramientas en torno al campo académico. Se podría decir que Educar con maestría es un libro de mesa de noche para el maestro que estudia y para el estudiante que se convertirá en maestro con un énfasis universitario.

Al interior de la lectura, el lector podrá encontrar por si mismo conclusiones importantes alrededor de la labor docente, retos y aspectos significativos que plantean el aula universitaria como un espacio de creación y experimentación, la responsabilidad que conlleva el ser un guía y acompañante del alumno, recordando continuamente que esta tarea sin pasión y dedicación profunda no tiene una razón de ser.

El autor de manera muy didáctica y valiéndose de recursos como la poesía, el dialogo, el cuento y la historia, desglosa sus posiciones de tal forma, que alcanza a tocar la entraña de quien lo lee, ya sea provocando recuerdos personales o haciendo referencia al arte de enseñar siempre desde una mirada altruista. Vázquez tiene la capacidad de explicar varias consideraciones para él importantes, de una manera digerible y amorosa; como en el capítulo donde se refiere al ‘periplo por el cuidado de la cotidianidad’ donde nos recuerda que en lo básico y tradicional se concentra la esencia del diario vivir, por lo que descuidar aspectos aparentemente simples como nuestros hábitos, la familia, los amigos, la lectura, nuestro ser, entre otros, solo conllevarían a una desazón permanente de nuestros propósitos en la vida. La perseverancia, la constancia y el amor por lo que se hace, son elementos que el escritor siempre saca a colación no como simples adjetivos sueltos si no como propósitos y habilidades propias del maestro y su labor.

Un tema importante durante todo el texto, es el protagonismo que Vásquez le da a la escritura y a la lectura refiriéndose al tema en más de un capítulo, proponiéndolo cómo ejercicio individual a través del cual se aprende y experimenta un sin número de experiencias, como instrumento fundamental de la educación superior, enfatizando que, de su correcta apropiación depende el desarrollo y la capacidad de sustentar argumentos concretos y con criterio propio; además de ser una vía de desarrollo personal e incluso espiritual del individuo; ofreciendo pautas, tácticas y formas de llegar al buen hábito, entre otras observaciones de las cuales cabe resaltar el escribir, como el camino para crear un discurso propio, para dejar registro de la historia personal vivida, y como herramienta que requiere de experiencia y trabajo continuo.

Vázquez desglosa elementos propios de la labor estudiantil y como el maestro debe enfatizar o impulsar estos en sus modelos pedagógicos; uno de ellos es la importancia de la investigación como estimulo para reencontrar en nosotros la capacidad de sorprendernos y desarrollar la habilidad de encontrar nuevos paradigmas. Habla del seminario a partir de Barthes como propuesta de cambio en el aula, la narrativa como estrategia para cautivar, inspirar, enamorar, generar discusiones, dilemas y demás que impulsen la autonomía de quien nos escucha. Y la cátedra siguiendo a Foucault como técnica para desarmar, descomponer y desbastar un tema, la cual se soporta en la escritura y su necesidad implícita de búsqueda permanente.

Por otra parte también abarca de manera muy concisa aspectos de constante debate y re significación dentro del campo pedagógico. Su visión de la interdisciplinariedad como ventana de diversidad, la necesidad de no establecer una verdad única y ubicar al hombre y su cultura como centro permanente de estudio, la formación integral como vía de tal multiplicidad, la didáctica como tácticas permanentes que se enfoquen a abrir y generar espacios de reconocimiento en lo integral, y el aula, como el lugar donde se debate, refuta y desmienten ideas preestablecidas.

Este libro es sin duda un excelente referente para el maestro en cualquiera de sus etapas, nos recuerda y pone en debate detalles que, si bien algunos pueden parecer superfluos, son la llave de la resignificación y enaltecimiento que se le debe dar a la labor del maestro; nos recuerda también que de la relevancia que le demos los propios maestro a la labor, depende que esta renazca y mantenga la dignidad que le corresponde como parte fundamental en la creación de una sociedad. La labor educativa es un elemento imprescindible en la formación de quienes llevarán la batuta en el futuro de nuestro país y del planeta que habitamos, pretender que es una profesión donde todo esta dicho, conllevaría a un groso error.

En otras palabras el autor hace un intento entrañable por recordar al lector, que mas allá de dictar una clase o infundir conceptos y términos, el maestro es la puerta que abre a la conciencia y el espíritu crítico que cada hombre necesita en todo momento para identificarse y evolucionar una y otra vez en esta interminable carrera que se llama vida.

Esta obra hace un barrido, para nada superficial, del mundo de la enseñanza tanto desde una perspectiva técnica, como desde una mirada interna y profunda del maestro. Esta obra logra sacar a la luz, o en algunos casos desempolvar, el amor y la pasión por una tarea que siempre requerirá de trabajo y estudio permanente, la tarea de ser maestros, los rodrigones de quienes cambiarán el futuro, los zapateros de ideas, los vendedores de herramientas, los parteros del espíritu.

UN ROMANCE QUE AÚN NO TERMINA

Leer siempre ha sido una parte importante y demasiado llamativa de mi vida, podría decir que entre la lectura y yo ha existido una relación amorosa de muchos años, que como toda relación ha tenido sus bajas y altas, momentos de enamoramiento profundo y otros, muy a mi pesar, de abandono y olvido absoluto. La lectura tiene en mi, el poder de hacerme sonreír, de darme ánimos, de hacer introspección, e incluso hasta tiene la capacidad de ponerme melancólica; pero sin duda alguna leer hace que quiera escribir.

No recuerdo exactamente como aprendí a escribir, lo que si recuerdo muy bien, fue el primer libro que logró cautivarme, es decir, el primer libro que leí completo por decisión propia cuándo tenia 8 años. Fue Ami, el niño de las estrellas de Enrique Barrios, libro que le sucedió a una trilogía que me devoré, como ver una serie de dibujos animados. Sé que en ese momento algo dentro de mí cambió, pues aprendí lo que era emocionarme a punta de leer.

Luego de eso hay un bache largo que me ubica de nuevo en la época de bachillerato, a eso de mis 14 años, donde por alguna razón, lo nostálgico y existencialista me atraía. Entonces, sin mucho orgullo confieso, leí a José María Vargas Vila, pues de alguna forma sus novelas tristes y desgarradoras me cautivaban, pasé por todos sus lirios, me enloquecí con Iris y lloré con Copos de Espuma, la verdad es que hoy en día cuando ojeo esos libros, no comprendo como fui capaz de embelesarme con esas historias por cierto bastante misóginas.

Al poco tiempo, por los mismos cambios de mi adolescencia supongo, busqué historias más agresivas; recuerdo que me leí en una sola noche Crónica de una muerte anunciada sólo porque no toleraba la idea de irme a dormir sin saber de que manera habían matado al pobre Santiago Nasar y fue como un baño de sangre satisfactorio el momento en que llegué al desenlace. La misma sensación tuve cuando cogí a Dostoievski con crimen y castigo, con los típicos de mi época como Rosario Tijeras, Que viva la música, y Opio en las nubes.

No puedo asegurar que soy una lectora asidua, no como me gustaría serlo, pues insisto, mi relación con ella también ha tenido lapsos desérticos. Cuando me gradué de la universidad estaba algo harta de textos cuadriculados, que irónicamente con los años empecé a extrañar, así que viví una larga temporada consumiendo revistas, si revistas, desde Vogue y Cosmopólitan hasta Muy Interesante, que por su brevedad me digería en la mitad de un viaje de autobús y que de manera descarada, debo aceptarlo, me hacían sentir aliviada, pues una parte de mi se decía, ¡hoy leí¡

Soy periodista, sería absurdo no leer. Durante toda mi carrera amaba comprar el periódico y leerme todas las secciones de punta a punta, me gustaba abrirlo, doblarlo a mi altura, tomarme un café y leerlo como toda una señora antes de entrar a clase, me hacia sentir interesante, me daba temas para debatir y de paso entraba a clases preparada. Así que la lectura también a veces, solo a veces, alimentaba un poco mi ego.

Tengo recuerdos memorables con libros hermosos, uno de ellos aunque suene muy trillado es El Principito; es de esos libros que he comprado más de una ves porque encuentro una edición más bonita, lo leí a los 10 años, luego a los 14, a mis 18 y a mis 24 y sé que el lleva diciéndome bastante tiempo que ya es hora de volverlo a leer de nuevo; es un libro que cada ves que lo leo, me dice cosas distintas, es un libro que me hace ver en sus páginas, como he crecido y como he cambiado.

Pero también he tenido mis derrotas y son bastantes por cierto, he intentado muchas veces leer Cien Años de Soledad, porque toca, porque es un clásico, y sencillamente renuncio al poco tiempo, los mismo me pasó con el Hobbit, El señor de los anillos y Harry Potter, me encanta verlos en cine, pero al leerlos la intención se me esfuma.

La academia hizo lo suyo, Noam Chomsky alimentó mi decepción por el sistema, Hannah Arendt me hizo querer la política y mucho autores más que ya no recuerdo, hicieron que logrará ser un poco mas racional y tener mayor conciencia del mundo que tengo alrededor.

Otro momento importante en esta relación amorosa fue cuando pude comprar libros a mi antojo, sentir el placer de ir a una librería y escoger el que fuera no por necesidad, si no por placer, pagar un poco más por el encuadernado, una pasta dura, el gramaje del papel y ese delicioso olor que tienen ellos, es un placer que la lectura me ha dado y que no es muy fácil de compartir. Eso me hace recordar cuando era muy niña, una ves mi madre me llevo al cine a ver la Bella y la Bestia, y en la escena dónde aparece una gran biblioteca de dos pisos yo le dije a mi madre -Así tendré una yo, cuándo sea grande.

Me hace falta muchísimo por leer, no leo lo suficiente ni como quisiera, ni como debería, sé que debo leer aún mas si pretendo escribir, la lectura es una montaña en mi vida, que he empezado a escalar pero que a la que le debo disciplina para subirla de verdad. La lectura en resumidas cuentas hace parte importante y muy relevante de mi vida, con ella me defino, aprendo y me reta cada día toda mi vida.

Ella

Si me sentara a pensar en ¿quién ha sido mi más grande seguidor?, esa eres tu…
Si un día siento que no valgo nada, solo tengo que pensar en ti, y ver qué en tus ojos, yo, soy más poderosa de lo que siempre creo ser.
Si algún día necesito recordar de que estoy hecha, tan solo basta con mirarte a ti, y recordar que estoy hecha de grandes cosas.
Si un día me levanto sintiendo que no soy nada, solo debo escuchar tu voz, y darme cuenta, de nuevo, que soy todo lo que el universo me ha dado y soy parte de ti.

Si un día me siento sin fuerzas, solo debo recordar tus palabras, para entender que ningún motivo que mi caos se invente ha de ser suficiente para rendirme.
Si un día me despierto sintiendo que soy muy débil, solo debo recordar tu cuerpo y tu talante, para darme cuenta que es solo una trampa de mi mente.
Si un día me siento sola y que no tengo a nadie, solo debo ver tus ojos, y recordar que tengo todo un mundo y un amor infinito que me cuida y me protege.
Si a veces me llego a sentir miserable y un pedazo de polvo en medio de la nada, solo tengo que mirar tu historia, y pedir perdón por todas las veces que he sido desagradecida con la existencia.
Si algunas veces siento que pierdo mi norte y mi propósito en este mundo, solo tengo que recordar tus palabras, y tener fe en que tu jamás has perdido la fe en mí.

Si por momentos me miro al espejo y siento que no veo nada, solo tengo que pensar en qué para ti, siempre he sido el mejor motivo para seguir.
Sin importar las veces que me caiga, tu siempre has sido la luz que me ilumina.
Si por instantes recuerdo las heridas que me has causado, el camino me ha mostrado que incluso esas, son necesarias.
Si quisiera pensar que no hay nada porque luchar, solo debo ver tu fotografía, y recordar que hay todo porque luchar…

A mi madre

LO QUE APRENDÍ CON MI LUNA: EL DOLOR ES EL SÍNTOMA QUE NOS LLAMA A SANARNOS

Mucho se ha dicho y se ha escrito acerca de nuestras vaginas y nuestra menstruación. Aún más en los últimos tiempos, donde muchas de nosotras hemos encontrado una forma de reconectarnos a nuestra propia esencia, reconociéndola como un acto de creación y de poder en nuestro cuerpo y no como un problema mensual que debemos ocultar a toda costa.
No obstante entre más tiempo pasa, más me doy cuenta que falta mucho camino por recorrer sobre todo lo que debemos aprender y reflexionar de nuestros cuerpos y nuestra propia naturaleza. Aunque se supone que estamos recordando saberes y conocimientos muy antiguos que ya eran utilizados por nuestras abuelas, el proceso de observarnos a través de nuestra luna es un camino personal y de mucha atención.
Cuando era niña y llego mi primera luna no sabía que eran los cólicos, jamás me dolió nada. Cuando ya era una adulta empecé a sufrirlos y cada vez fueron aumentando más. Con el tiempo conocí los círculos de mujeres, aprendí a sembrar mi luna y a cambiar mi concepto acerca de mi sangre, fue un momento mágico que le dio alas a mi bruja interior; pero los cólicos seguían.
Cuando llevaba algo más de un año sembrándola y observando en qué fase entraba cuando menstruaba, mis cólicos seguían aún más fuertes, llegue a tomar hasta dos o tres pastillas al día para el dolor y de todas formas me mandaba a cama a quedarme en quietud total.
Un buen día reflexionando sobre esto pensé: no es lógico, ni que me duela tanto, ni que deba tomar pastillas para aplacarlo. A mi siguiente luna decidí no tomar absolutamente nada, pedí permiso en mi trabajo, me fui a casa, me abrigue como un oso y me quede quieta a tolerar el dolor, a cerrar los ojos, ni siquiera a permitirme renegar sobre él, solo observarlo y tengo que confesar que dolió y mucho.
La verdad es que no tenía idea porque estaba haciéndolo, ni para qué, solo sabía que debía dejar de tomar pastillas y tisanas para seguir con mi día. A mi siguiente luna pasó exactamente lo mismo, dolió y yo resistí, fui a casa y no tome nada para aligerar, aguante y aguante todo el día. Lo mismo ocurrió durante dos lunas más. Y de repente, algo cambió. Ya mi luna no dolía.
Aunque fue un proceso netamente experimental, me vi en la necesidad de sentarme a buscar ¿Qué fue exactamente lo que hice para que el dolor se fuera? Fue muy simple. Me observe detenidamente. A partir de ese momento empecé un proceso aún más hermoso y largo conmigo misma. No puedo decir que jamás he vuelto a tener cólicos, pero cuando los tengo no simplemente aguanto el dolor, cuando los tengo, sé que algo no está en orden adentro de mí.
Y cuando me refiero dentro de mi no es necesariamente algo orgánico, también puede ser algún asunto emocional, de nuestro pasado, asuntos que tal ves hemos enterrado pensando que ya no importan, pero es a nosotras precisamente a quien no ha dejado de importar, otras veces es que sencillamente nuestro cuerpo esta diciéndonos que algo no esta en orden, es una tarea que sin importar cuanto leamos o busquemos considero netamente intrínseca y personal.
Nuestra Luna además de ser energía creadora y potenciadora, nos habla de nuestro cuerpo y nuestra alma, recoge y acumula todo aquello que escondemos y ocultamos en el baúl de nuestros miedos y pesares, ella es la primera que nos da una alarma cuando hay algo que debemos sanar aunque no lo hallamos siquiera vislumbrado. Solo de nosotras depende ser lo suficiente despiertas y sensitivas para entender que no es simplemente cambiar nuestra forma de pensar acerca de la menstruación, este es sólo un primer paso. Es también un medidor infalible de asuntos internos por resolver.
Durante varios meses tengo que aceptar que fue una delicia, llegaba mi luna sin dolor alguno, así que sembrarla era aún más lindo. Luego de repente volvió el dolor, y esta vez tuve que sentarme en cuclillas y decirme a mí misma ¿Qué pasa? ¿Qué pasó? ¿Qué te estas tragando entero? ¿Qué no estas asumiendo? ¿Qué te dolió e hiciste como si nada? ¿Qué te falta perdonar?
No estoy con esto asegurando que el proceso y la forma deba ser el mismo para todas, lo que si aseguro es que nuestra luna es sin duda alguna, una herramienta mucho más versátil que nos habla directamente y con la que podemos sanarnos y descubrir la luz y oscuridad que escondemos sin darnos cuenta. La misma luz y oscuridad que nos debe hacer renacer y rehacernos como mujeres cuantas veces sea necesario.
Y aquí viene mi apunte fuerte ante el tema; antes de sembrar nuestra luna con fines altruistas y amorosos hacia la tierra y quienes nos rodean, talvez debamos sembrarla buscando encontrarnos y sanarnos de verdad a nosotras mismas, sanar nuestro legado y sanar aquellas heridas ancestrales de nuestras madres y abuelas que cargamos sin siquiera imaginarlo. El simple hecho de sanar y abrazar amorosamente nuestro propio camino es el primer y mas importante paso en esa carrera generosa de tomar real conciencia en esta vida.

Fata

Y sucedió…

Y entonces… sucedió!
Justo cuando menos lo pensaba, en el momento que jamás podría imaginarlo, el viento rozó mi cara y despeinó aun más mi cabello, sentí el frío de la velocidad en mis manos, ver la vida pasar de largo, aferrarme a su espalda, su olor invadiendo mi cuello, el ruido y el cielo arriba. Las luces me cegaron por un instante y me obligaron a cerrar los ojos, la música invadió cualquier posible ruido de mi mente, y sucedió… me embriague con la simple sensación, mis caderas empezaron a tornear su movimiento sin siquiera preguntar, y sonreí!… Mi quijada temblaba, mis labios se mordían entre sí, mi respiración se detuvo por un instante y sucedió… justo cuando pensé que no volvería a sentir de esta manera, cuando pensé que lo había olvidado al punto de no poder recordarlo. Mi piel se erizó y sentí su fuerza, las líneas de su cuerpo, el sabor de su piel, las formas de su rostro, el roce áspero de su tacto… Y sucedió… la lluvia bañó mi cuerpo por completo y me desnudó, y volé mientras bailaba sobre aquella roca… Y sucedió…

UN FRÍO ROMANCE

El escenario es el Hollywood de los años 30 y aunque esta época tiene muchos recursos para matizar cualquier tipo de historia, es trillada la forma y los accesorios que se utilizaron para ambientar el insípido mundo de café society, pues da la ligera sensación de estar repitiéndose una película que pasan por la tv un domingo en la tarde.

Un romance típico sin gran movimiento ni sucesos que generen expectativa, es la  historia que cuenta la última película de Woody Allen, la cual parece más un intento de alcanzar un número más en la lista de largometrajes hechos por el famoso director, que un esfuerzo por cautivar de verdad a sus seguidores.

No obstante cabe resaltar que el film esta lleno de toda la esencia Allen, con sus característicos finales indefinidos, parlamentos extensos repletos de ironía y humor negro. Aún así el matiz de comedia que debió ambientar el relato fue muy escaso y se debió a escenas forzadas que no alimentaban en nada al eje central como burlas de la idiosincrasia judía y gánsters que ni sumaban ni restaban.

Sin duda alguna la dirección de arte fue muy limpia, particularmente cálida; contraste que supone ser intencional con la frialdad y melancolía de la historia. Por otra parte ese ingrediente de nostalgia que debía caracterizar a sus personajes se confundió con escenas muy poco convincentes.

Es típico de Woody que nos sorprenda con la musa que escoge para cada una de sus cintas. Aunque en muchas de  ellas, si bien al principio puede parecer desatinada su elección, hay que reconocer que es acertado. Pero no en esta ocasión, pues lo único concreto que tuvo Kristen Stewart en su actuación fue su simpleza, la misma que vemos en fotos y entrevistas, la misma frialdad que se siente en todos sus personajes; podría decirse que ésta fue precisamente la razón de ponerla a ella aquí, pero en definitiva no hizo mejorar el resultado final.

La banda sonora es interesante especialmente para aquellos amantes del jazz, no obstante se sintió una ausencia prominente del sonido ambiente que hubiese enriquecido algunas escenas de manera mucho más contundente.

Y aunque para muchos esta obra hace parte de los goles de Allen, podría haberse tardado más en hacer de este relato algo de que hablar en realidad, pues deja en el paladar el sabor de una historia plana y repetitiva con componentes que se desperdiciaron y abierta a miles de suposiciones tanto de forma como de fondo. Una película para hacer ruido mientras el sueño atrapa al espectador acostado en su cama, una película de la que si no se llega al final de ella, no se esta perdiendo de mucho.

 Fata, Para Peso de letra pesodeletra.blogspot.com.co